Autoestima,
malestar psicológico y riesgo de padecer trastornos de la conducta alimentaria
en bailarines clásicos argentinos
Self-esteem, psychological distress, and the risk of developing
eating disorders in Argentine classical dancers
Vaulet, Aldana Ailen & Preuss,
Maximiliano Gustavo
ORCID Aldana
Vaulet: http://orcid.org/0009-0000-6468-3144
Universidad Abierta Interamericana;
Argentina.
ORCID Maximiliano
Preuss: https://orcid.org/0000-0003-2817-200X
Universidad Abierta Interamericana;
Argentina.
Fecha recibido: 21/01/26
Fecha aceptado: 30/04/26
https://doi.org/10.59471/psicologia2026219
El objetivo que orientó esta investigación
consistió en analizar la relación entre Autoestima, Malestar Psicológico y
Riesgo de padecer Trastornos de la Conducta Alimentaria [TCA] en bailarines
clásicos de la República Argentina. Para ello se trabajó con una muestra
conformada por 987 bailarines de ballet, cuyas edades oscilaban entre 18 y 74
años (M=29,33; DT=9,56), a quienes se les administraron cuatro instrumentos: un
cuestionario confeccionado ad hoc para relevar variables sociodemográficas de
interés para la investigación; la escala de autoestima de Rosenberg [RSE]; la
Escala de Malestar Psicológico [K10] y, finalmente, el Inventario de Trastornos
de la Conducta Alimentaria [EDI-II]. El diseño llevado a cabo fue de tipo no
experimental, de enfoque cuantitativo, de alcance correlacional y temporalidad
transversal. Los principales resultados encontrados permitieron visibilizar una
correlación negativa entre Autoestima y Malestar Psicológico, así como también
entre Autoestima y Riesgo de TCA, lo cual se evidenció en cada una de las
dimensiones que conforman este último constructo, lo que permitió confirmar la
hipótesis principal de esta investigación. Los hallazgos evidencian que los
estándares corporales de élite, alejados de la realidad de los bailarines,
fomentan malestar psicológico y baja autoestima, incrementando el riesgo de TCA
en el marco de la cultura de la delgadez.
Palabras clave: Autoestima,
Malestar Psicológico, Trastornos de la Conducta Alimentaria, bailarines de
ballet, Argentina.
Abstract
The objective guiding
this research was to analyze the relationship between Self-esteem,
Psychological Distress, and Risk of Developing Eating Disorders [EDs] in
classical dancers from Argentina. To this purpose, we worked with a sample of
987 ballet dancers, whose ages ranged between 18 and 74 years (M=29.32;
SD=9.56), who were administered four instruments: a questionnaire designed
specifically to assess sociodemographic variables of interest to the research; the
Rosenberg Self-esteem Scale [RSE]; the Psychological Distress Scale [K10] and,
finally, the Eating Disorders Inventory [EDI-II]. The design was
non-experimental, quantitative, correlational in scope, and cross-sectional in
time. The main results revealed a negative correlation between Self-esteem and
Psychological Distress, as well as between Self-esteem and Risk of Eating
Disorders. This correlation was evident in each of the dimensions that
conformed this latter construct, thus confirming the main hypothesis of this
research. The findings show that elite body standards, detached from the
reality of dancers, foster psychological distress and low self-esteem,
increasing the risk of eating disorders within the framework of the thinness
culture.
Keywords: Self-esteem, Psychological Distress,
Eating Disorders, ballet dancers, Argentina.
Introducción
En
el ámbito del ballet, también conocido como danza clásica, es común reconocer
en estudiantes y maestros el intenso nivel de exigencia que implica. Un factor crucial
en esta disciplina es la aplicación de un criterio anatómico selectivo,
resultante de la relación directa entre las características físicas del
bailarín y los requisitos técnicos impuestos por la técnica propiamente dicha
(Betancourt & Díaz, 2004).
Las
academias de formación profesional de ballet a nivel mundial establecen
criterios selectivos rigurosos, a partir de los cuales sólo quienes posean
características específicas como juventud, delgadez, empeines acentuados,
extremidades largas y una cabeza proporcionalmente pequeña en relación con el
torso, son considerados adecuados para poder sobrellevar la complejidad técnica
del ballet clásico, dejando por fuera a todos aquellos que no se ajusten a los
cánones corpóreos requeridos (Ameri, 2022). El ballet además constituye una
actividad física con un significativo gasto energético, comparable al de los
deportes de alto rendimiento, puesto que un bailarín clásico profesional
desarrolla notablemente su musculatura, resistencia, flexibilidad y coordinación,
entre otras cualidades (Reina Gómez, 2003).
El ideal de
belleza que el ballet adopta del neoclasicismo francés del siglo XVII se
fundamenta en la juventud y un cuerpo perfecto (Guillot & Prodhommeau,
1984). Este ideal incluye elementos como la cualidad etérea y el desafío a la
gravedad, oponiéndose a las nociones de animalidad, materialidad y la realidad
corporal (Tambutti, 2016). El cuerpo del bailarín es concebido como una
máquina, a la cual se le imponen determinadas normas con el propósito de organizarlo
conforme a un ideal de perfección inalcanzable en el que no existe margen de
error (Citro, 2014).
En
concordancia con lo previamente mencionado, Guillot y Prodhommeau (1984)
plantean una dualidad esencial en el cuerpo, en tanto éste es el almácigo subyacente
de una lógica rigurosa de ejercicios, a la vez que es concebido como un objeto
que se convierte en el foco de un conocimiento especializado.
El proceso
de formación profesional exige una estricta disciplina. En este aspecto, la
enseñanza puede entenderse como una microfísica de relaciones de poder que se
integra en los cuerpos, transformándolos para hacerlos más funcionales,
efectivos y dóciles (Foucault, 1979). En dicho proceso de formación como
bailarines, los estudiantes no sólo adquieren conocimientos técnicos sobre
danza, sino también elementos implícitos del currículo oficial. Estos aspectos
se cristalizan en ideologías, creencias, representaciones y preferencias,
produciendo cambios en los hábitos, pensamientos, acciones y valoraciones de los
estudiantes (Baroni, 2017). Desde esta lógica y en concordancia con Le Breton
(2018), el cuerpo se convierte en frontera visible del individuo, el lugar
donde se inscriben las marcas de la cultura y las huellas de la historia
personal.
Más allá de
las tensiones aludidas con antelación, cabe resaltar que la danza integra
dimensiones emocionales, psicológicas y físicas, lo cual permite que aquellos
estudiantes que logran construir una percepción positiva de sí mismos refuercen
su autoestima, motivación académica y sensación de logro (Weiner, 2014). En
contraste, quienes no se sienten conformes con su cuerpo, pueden experimentar
una sensación de incompetencia que va en detrimento de su autoestima y produce
una merma en su rendimiento (Megías Cuenca, 2009).
En sintonía
con lo expresado en el párrafo anterior, Loja Chumbi (2025) plantea que
aquellos bailarines que desarrollan una autoestima saludable y una mejor
autopercepción de su cuerpo aunada a una mayor confianza en sus destrezas
presentan menor probabilidad de incurrir en conductas alimentarias de riesgo y
problemas emocionales asociados a ello, por lo que se infiere que el
fortalecimiento de la autoestima es crucial en esta población.
Los
estereotipos juegan un papel nodal en la perpetuación de estos modelos
corporales considerados "aceptables". Éstos se configuran como
construcciones mentales que las personas generan sobre los demás y que las
convierten en objetivos vulnerables frente a los estereotipos (Villarreal &
Cruz, 2023). Por ello, el apoyo de la familia y las instituciones de
pertenencia, resultan esenciales para fomentar una identidad sólida y una
autoestima consistente (Vergara Vilchez et al., 2021). A partir de todo lo
mencionado hasta aquí, queda en evidencia, tal como plantea Masetti (2013), que
las condiciones físicas en el ámbito del ballet se consideran un requisito
fundamental, convirtiéndose en un criterio de exclusión generando una tensión
entre un modelo disciplinario que demanda un tipo peculiar de cuerpo y
destrezas específicas, en contraste con el compromiso inclusivo que caracteriza
a las instituciones públicas.
Las demandas
estéticas ejercen una influencia adversa en la autoestima, generando no sólo
una existencia marcada por el malestar emocional e insatisfacción, sino también
afectando el progreso en el ámbito artístico de los bailarines (Bernárdez,
2021). Específicamente, en el caso de las mujeres, es frecuente que se vean
influenciadas por un modelo hegemónico femenino idealizado. En numerosos casos,
estas pautas de belleza se convierten en un parámetro para medir su autoestima,
ya que, a mayor alineación con los estándares, mayor es la percepción de
satisfacción corporal (Fredrickson & Roberts, 1997).
En añadidura, las bailarinas suelen ser más vulnerables a
experimentar distorsiones en la percepción de su figura corporal debido a las
elevadas expectativas de un desempeño físico excepcional y la presión por
alcanzar una imagen ideal que trasciende las exigencias físicas propias de la
danza. Aunque esta disciplina puede aportar múltiples beneficios para el cuerpo
y la calidad de vida de quienes la practican, es fundamental atender diversos
factores para garantizar un desarrollo saludable de los profesionales de la
danza. Este enfoque preventivo busca evitar la aparición de patologías que
puedan comprometer su bienestar a largo plazo (Negrete Acosta, 2022).
El entorno
en el que se desenvuelven los bailarines de élite no es, por sí mismo, un
causante directo de problemas psicológicos. Sin embargo, sus características
pueden contribuir tanto a la mejora como al deterioro de su bienestar mental.
En este sentido, aspectos como la exigencia de continuar entrenando y
compitiendo a pesar de lesiones, la especialización desde edades tempranas, la
renuncia a actividades ajenas al ámbito profesional y los vínculos sociales
fuera de éste, así como los periodos de preparación intensivos con descanso
insuficiente y la presión por obtener medallas, representan factores que pueden
comprometer la salud mental de los bailarines (Henriksen et al., 2019; Kuettel
& Larsen, 2020).
Por otra
parte, numerosos estudios han explorado la relación entre la imagen corporal y
la actividad física. En tal sentido, Petrie (1996) indicó que quienes
participan en deportes estéticos tienden a mostrar mayor preocupación por su
peso en comparación con quienes practican otras disciplinas. La insatisfacción
corporal es un fenómeno común que se intensifica al inicio de la adolescencia,
motivada por los cambios psicológicos, sociales y biológicos asociados con el
desarrollo puberal. La transición de una figura infantil a una con curvas más
definidas se produce en un contexto cultural que promueve la extrema delgadez
como un ideal de belleza y éxito, por lo que dicha figura curvilínea coacciona
contra el ideal corpóreo establecido (Rutsztein et al., 2007).
El proceso
natural de crecimiento conlleva transformaciones corporales, como el inevitable
aumento de peso, que en numerosos adolescentes despierta un profundo
descontento con su imagen corporal. Esto los impulsa a perseguir un cuerpo
ideal a través de métodos extremos, convirtiendo estas prácticas en parte de su
vida cotidiana. La resistencia a los cambios naturales genera una tensión que
convierte al cuerpo en un campo de lucha interna. Además, la cultura de la
delgadez promueve un estándar de belleza inalcanzable para la mayoría,
alejándose de las posibilidades reales y provocando insatisfacción y una
percepción negativa de la imagen corporal (Rutsztein et al., 2007).
En
el proceso de formación en la danza, el cuerpo del aprendiz es moldeado a
través de posturas, movimientos y gestos con el fin de alcanzar la imagen
añorada. Esta construcción se basa en una herencia transmitida de los miembros
experimentados del campo a los bailarines noveles, inscribiéndose de manera
duradera en sus cuerpos. De esta forma, los bailarines desarrollan su capacidad
para competir en el ámbito de la danza, utilizando su capital físico, técnico y
artístico como herramientas estratégicas (Buckroyd, 2000). En el ballet clásico
el cuerpo adquiere tal relevancia para los adolescentes que bailan que, en
ocasiones, pueden experimentar distorsiones en la percepción de su figura, lo
que puede derivar en trastornos de la conducta alimentaria [TCA] (Ocampo et
al., 1999). Esta disciplina impone una presión psicológica y física
significativa sobre los bailarines, lo que resalta la necesidad de examinar la
relación entre la danza clásica y la imagen corporal en contextos apartados de
escenarios de alta competencia tales como compañías y ballets profesionales
(Buckroyd, 2000).
Como técnica
artística que integra actividad física, la danza debería estar asociada al
bienestar y la calidad de vida. Sin embargo, las demandas estéticas y las
condiciones de su práctica pueden, en algunos casos, poner en peligro tanto la
vida como la integridad de quienes la ejercen (Baroni, 2017). En las
adolescentes que practican ballet, los estándares corporales exigidos por esta
disciplina, están asociados a puntajes significativamente más altos en lo que
respecta a la búsqueda de la delgadez y la bulimia, en comparación con aquellas
adolescentes que no se dedican a actividades relacionadas con ideales corpóreos
inalcanzables (Bettle et al., 2001).
Los
trastornos alimentarios mayormente se manifiestan en disciplinas relacionadas a
la cultura de la delgadez y constan de cambios drásticos en los comportamientos
asociados con la alimentación, usualmente motivados por un miedo excesivo al
aumento de peso y una preocupación obsesiva por la apariencia corporal. Estas
enfermedades no sólo impactan severamente la salud física y emocional de
quienes las padecen, sino que también generan repercusiones significativas en
su entorno familiar y social (Rutsztein et al., 2007).
En
el ámbito de la danza, uno de los principales factores de riesgo para los bailarines
es la presión por mantener un peso corporal bajo. Esta situación puede derivar
en conductas alimenticias peligrosas, trastornos de la conducta alimentaria,
problemas psicológicos y dificultades físicas vinculadas a la restricción
calórica (Román Fuentes et al., 2024). Además, esta población frecuentemente
experimenta una gran autoexigencia e insatisfacción con diversos aspectos de su
cuerpo, pudiendo generar riesgos de malnutrición y alteraciones conductuales
que impactan negativamente en su bienestar general (Fernández Bustos et al.,
2014).
Es crucial
reconocer que los trastornos alimentarios no se limitan a alteraciones en la
conducta alimenticia, sino que representan conflictos internos profundamente
arraigados, a menudo vinculados con una autoexigencia excesiva y la constante
búsqueda de ideales estéticos inalcanzables impuestos por la sociedad. Desde
una perspectiva humanista, es esencial entender que estas enfermedades no deben
reducirse a simples desequilibrios físicos o nutricionales. Por el contrario,
deben considerarse las dimensiones emocionales y psicológicas del individuo,
así como los factores culturales y familiares que contribuyen a su desarrollo
(Rutsztein et al., 2007).
Los autores,
a su vez, puntualizan que el sufrimiento asociado a estos trastornos es intenso
y multifacético, impactando no sólo en la persona afectada, sino también en su
capacidad para interactuar con otros y su propio sentido de identidad. La
aparición temprana de estas enfermedades aumenta su complejidad, lo que resalta
la importancia de desarrollar enfoques integrales que aborden tanto la
prevención como el tratamiento.
La
combinación de la presión por mantener una figura delgada y las altas
expectativas de competitividad, características del entorno del ballet, crea un
contexto propicio para el desarrollo de desórdenes alimentarios y problemas
emocionales (Garner & Garfinkel, 1980).
Basándose
en el estado de la cuestión, existe un vasto número de antecedentes que se
abocan a la correlación entre las variables estudiadas, si bien todas ellas
plantean asociaciones parciales, no se hallan evidencias empíricas en cuanto a
la vinculación de las tres entre sí. Tomando en cuenta esta salvedad, se
realizó una recopilación bibliográfica sobre los principales trabajos que versaban
sobre el tema en cuestión, llevados a cabo principalmente en los últimos cinco
años.
En
este sentido, vale mencionar que existen diferentes autores que buscaron
investigar la relación entre Autoestima y Malestar Psicológico en bailarines,
obteniendo de manera unánime una relación negativa entre los constructos (Loja
Chumbi, 2025; Estellés Moreno, 2024).
En
lo que incumbe a la relación entre Autoestima y Riesgo de TCA, también se
encontró acuerdo en la comunidad científica, en tanto se halló que en la medida
que el primer constructo puntúa significativamente más alto, el segundo tiende
a disminuir y viceversa (De Sousa Fortes et al., 2024; Kapoor et al., 2022;
Loja Chumbi, 2025; Nuñez Udave et al., 2024; Ortiz Torres & Bonilla
Basantes, 2022; Rojas Padilla, 2024; Valverde Martínez, 2023).
Finalmente,
las correlaciones entre Malestar Psicológico y Riesgo de TCA hallaron una
asociación positiva entre ellas (Del Valle Sarli Racioppi, 2022; Fostervold
Mathisen et al., 2022; García-Arbona et al., 2023; Loja Chumbi, 2025; Negrete
Acosta, 2022).
Ahora bien,
en lo que incumbe a las variables sociodemográficas y el análisis de los
niveles de Autoestima en bailarines, se encontró una primacía de estudios que
establecen que ésta es significativamente menor en mujeres con respecto a sus
pares masculinos (Del Valle Sarli Racioppi, 2022; Rojas Padilla, 2024). A su
vez, ésta se asoció de manera positiva con edad (Iglesias Suárez & De la
Villa Moral Jiménez, 2021), lo mismo ocurrió con años de práctica de danza (Rojas
Padilla, 2024; Valverde Martínez, 2023) y con cantidad de horas de
entrenamiento (Vergara Vilchez et al., 2021). Por último, en lo que respecta a
la comparación en Autoestima entre bailarines profesionales y no profesionales
existen disonancias en el estado del arte, según las características de las
muestras contempladas (Negrete Acosta, 2022; Tapiador & Jamila, 2023).
En lo que
atañe a la variable Malestar Psicológico, existen estudios que plasman que éste
es superior en mujeres (Gómez Chávez et al., 2022; Lorenzón et al., 2022), en
sujetos profesionales (Cano Calzado, 2022; Fostervold Mathisen et al., 2022;
Martínez Rodríguez et al., 2021) y en quienes dedican mayor cantidad de horas
semanales a la danza (Junge et al., 2024; Junge & Hauschild, 2025; Zhang et
al., 2025).
Otras
investigaciones, por su parte, se abocaron al estudio del Malestar Psicológico
en función de la cantidad de años de práctica de la danza desde una perspectiva
terapéutica, pero no como una disciplina profesional, hallándose una relación
negativa entre las variables mencionadas (Andrade Gallego, s.f.; Biddle et al.,
2019; Lima et al., 2019; López García, 2021; Roca Amat & García Alandete,
2024; Schultchen et al., 2019). No obstante, cuando la actividad desarrollada
se convierte en una disciplina profesional de alto rendimiento, los resultados
son totalmente contrapuestos, es decir, en este caso, la relación es directa,
pues a mayor cantidad de años de práctica mayor es el malestar psicológico
(Gouttebarge et al., 2019). Por último, en relación con la edad, no se ha
encontrado una asociación significativa entre las variables (García Orjuela,
2025).
Finalmente,
en lo que compete al Riesgo de padecer TCA y sintomatología asociada, los
estudios recabados revelan una preeminencia en mujeres respecto de los hombres
(Fostervold Mathisen et al., 2022; Goenaga Diéguez, 2021; Loja Chumbi, 2025;
Martínez Rodríguez et al., 2021; Ortiz Torres & Bonilla Basantes, 2022), en
profesionales con respecto a no profesionales (Athanassopoulos Zamorano, 2022; Donti
et al., 2021; López Velazco et al., 2022; Maradiegue Lerose, 2021; Martínez
Rodríguez et al., 2021; Ragno González, 2024), en quienes poseen mayor cantidad
de años de práctica de danza (Donti et al., 2021; Martínez Rodríguez et al.,
2021; Rojas Padilla, 2024; Valverde Martínez, 2023) y mayor cantidad de horas
semanales de entrenamiento (Donti et al., 2021; Martínez Rodríguez et al.,
2021; Rojas Padilla, 2024), sin encontrarse asociación significativa con edad
(Maradiegue Lerose, 2021; Rojas Padilla, 2024).
A partir de
todo lo anteriormente esbozado surge la siguiente pregunta de investigación:
¿cómo es la relación entre Autoestima, Malestar Psicológico y Riesgo de padecer
TCA en bailarines clásicos argentinos?
A tal
efecto, se planteó como objetivo general analizar la relación entre Autoestima,
Malestar Psicológico y Riesgo de padecer TCA en bailarines clásicos argentinos
y, como objetivos específicos, identificar las puntuaciones promedio en los
participantes, así como también caracterizar los constructos estudiados según
determinadas variables sociodemográficas de interés tales como edad, género,
años de práctica de la disciplina, cantidad de horas de entrenamiento semanales
y profesionalismo.
Al respecto,
la hipótesis principal en la que se sustenta el trabajo, plantea que cuanto
menor es la Autoestima de un participante, mayor es el Malestar Psicológico y
el Riesgo de padecer TCA. Asimismo, en sintonía con los antecedentes de
investigación recabados, se afirman como hipótesis secundarias que: los niveles
de Autoestima en la población estudiada son mayormente bajos, en tanto que el
Malestar Psicológico y el Riesgo de TCA elevados; a su vez la Autoestima es
inferior en mujeres y se vincula positivamente con edad, años de práctica y
horas semanales dedicadas a la disciplina, sin hallarse asociación
significativa con profesionalismo, en tanto que el Malestar Psicológico y el
Riesgo de TCA es mayor en mujeres y en sujetos profesionales, así como también
en quiénes poseen mayor cantidad de años en la disciplina y en quienes dedican
mayor cantidad de horas a la práctica de la danza, sin hallarse vínculo
significativo con edad.
Metodología
Diseño
La investigación adoptó un diseño no experimental, con
enfoque cuantitativo, alcance correlacional y temporalidad transversal.
Participantes
El tipo de
muestreo fue intencional, con una muestra conformada por 987 bailarines de
ballet de la República Argentina, cuyas edades oscilaban entre 18 y 74 años
(M=29,33; DT=9,56), siendo el 96,6% de género femenino. A su vez vale mencionar
que el 62% de los sujetos encuestados eran bailarines amateurs y el 38%
restante profesionales. La muestra analizada dedicaba un promedio de 15 horas
semanales a la disciplina y un aproximado de 16 años de estudio/práctica de
danza. Los criterios de inclusión fueron: ser argentino/a, tener 18 años o más
y ser bailarín de danza clásica o haberlo sido. Por otra parte, se excluyeron a
quienes no brindaron su consentimiento informado y quienes dejaron ítems sin
responder o dieron respuestas inconsistentes a los mismos.
Instrumentos
En dicha
investigación se aplicaron 4 instrumentos. En primer lugar, se utilizó un
cuestionario sociodemográfico confeccionado ad hoc para relevar variables
sociodemográficas tales como provincia/ciudad de residencia, edad, género, años
de estudio/práctica de danza, cantidad de horas semanales dedicadas a la
disciplina y profesionalismo.
En segundo
lugar, se aplicó la Escala de Autoestima de Rosenberg [RSE] (Rosenberg, 1965;
adaptación al español: Atienza et al., 2000). Dicha escala evalúa la valoración
que posee un sujeto de sí mismo. Dicho instrumento posee una adecuada
consistencia interna, siendo su Alpha de Cronbach de 0,80.
En tercer
lugar, se aplicó la Escala de Malestar Psicológico [K10] (Kessler, 1992;
adaptación argentina: Brenlla & Aranguren, 2010). Este instrumento describe
formas en que la gente actúa o siente para detectar la presencia o no de
malestar psicológico inespecífico. Dicha escala presenta una alta consistencia
interna, siendo su Alpha de Cronbach de 0,88.
Finalmente,
se utilizó el Inventario de Trastornos de la Conducta Alimentaria [EDI II]
(Garner, 1991; adaptación española: Rutsztein et al., 2006). Dicho instrumento
evalúa el riesgo de padecer trastornos de la conducta alimentaria y la
sintomatología presente en ellos. Puntuaciones iguales o superiores a 105
denotan un riesgo clínico de padecer TCA (Baldó Vela & Bonfanti, 2019). Este
instrumento posee 11 dimensiones que presentan una adecuada consistencia
interna, siendo sus correspondientes índices: OD (α=.89); B (α=.80); IC
(α=.86); MM (α=.61); CI (α=.77); I (α=.80); P (α=.65); DI (α=.70); A (α=.64);
Im (α=.72); IS (α=.77).
Procedimiento
Para
llevar a cabo la investigación los participantes fueron contactados en su
mayoría por medio de una cuenta pública de la autora, la cual se aboca a la
difusión de contenido vinculado al ballet. Asimismo, se realizó un video
explicativo en el que se comunicaron los propósitos y fines de la
investigación. Las personas que accedieron a participar completaron un
formulario el cual fue confeccionado en Google Forms. En éste, se presentaba en
primera instancia una breve introducción acerca de la temática a estudiar, los
criterios de inclusión de la muestra y los fines que perseguía el estudio.
Luego, como criterio excluyente, los sujetos debían brindar su consentimiento
informado para ser parte de la investigación. A posteriori, se relevaron datos
sociodemográficos de los participantes y se les administró la Escala de
Autoestima, la Escala de Malestar Psicológico y el Inventario de Riesgo de
Trastornos de la Conducta Alimentaria en ese orden respectivamente. Finalmente,
vale mencionar que las encuestas fueron realizadas durante los meses de
febrero, marzo y abril de 2025.
Esta
investigación siguió los principios éticos propuestos en el protocolo de
Helsinki (2000) atinentes a la confidencialidad, privacidad y consentimiento
informado de los participantes, incluidos aquellos que atañen a la inscripción,
publicación de la investigación y difusión de los resultados.
Análisis de datos
En primera
instancia, se efectuó un análisis descriptivo de los constructos abordados en
la investigación. A partir de éste, se calcularon frecuencias y porcentajes que
permitieron analizar los diferentes niveles de Autoestima, Malestar Psicológico
y Riesgo de TCA de los participantes.
En segunda
instancia, se procedió a correlacionar las variables principales de esta
investigación aplicando la prueba Rho de Spearman, dado que éstas siguieron un
patrón de distribución no normal. A su vez, se realizó un análisis de potencia
de coeficiente de correlación con un nivel de alfa requerido en 0,05 un
coeficiente de correlación observado de 0,65 y un tamaño de muestra de 987, lo
que dio como resultado una potencia de 0,99. Posteriormente dichos constructos
fueron correlacionados con las variables sociodemográficas edad, horas
semanales de entrenamiento y cantidad de años de práctica de danza, empleando
la misma prueba estadística mencionada con antelación.
En tercera
instancia, finalmente, se realizaron las comparaciones de la muestra a los
fines de la investigación, operando con las variables sociodemográficas
restantes: género y profesionalismo. En este último punto, siendo que ambas son
bicategoriales, se procedió a utilizar el estadístico no paramétrico U de Mann
Whitney.
Resultados
Descripción de las variables
Tabla 1.
Descripción de los niveles de Autoestima de los
participantes
|
Niveles de Autoestima |
Frecuencia |
Porcentaje |
|
Bajos |
669 |
67,8% |
|
Moderados |
181 |
18,3% |
|
Elevados |
137 |
13,9% |
Más
de dos tercios de los participantes presentan niveles bajos de autoestima.
Tabla 2.
Descripción de los niveles de Malestar Psicológico de los
participantes
|
Niveles de Malestar Psicológico |
Frecuencia |
Porcentaje |
|
Bajos |
7 |
0,7% |
|
Moderados |
43 |
4,3% |
|
Altos |
190 |
19,3% |
|
Muy altos |
747 |
75,7% |
El
95% de los participantes encuestados presentan niveles altos o muy altos de
malestar psicológico.
Tabla 3.
Descripción de la variable Riesgo de TCA de los
participantes
|
Riesgo de TCA |
Frecuencia |
Porcentaje |
|
Presencia de Riesgo |
938 |
95% |
|
Ausencia de Riesgo |
49 |
5% |
Como puede apreciarse en la tabla precedente, el 95% de los
sujetos encuestados poseen riesgo de padecer TCA, lo que no implica
necesariamente que lo padezcan.
Correlación entre variables
Tabla 4.
Análisis de la relación entre Autoestima, Malestar Psicológico
y Riesgo de TCA en los sujetos de la muestra.
|
Var. |
1 |
2 |
3 |
4 |
5 |
6 |
7 |
8 |
9 |
10 |
11 |
12 |
13 |
|
1.AUT |
- |
-,57** |
-,46** |
-,45** |
-,51** |
-,38** |
-,59** |
-,80** |
-,40** |
-,44** |
-,59** |
-,45** |
-,56** |
|
2.MP |
|
- |
,44** |
,43** |
,43** |
,35** |
,61** |
,62** |
,43** |
,37** |
,60** |
,53** |
,51** |
|
3.OD |
|
|
- |
,66** |
,73** |
,28** |
,58** |
,49** |
,41** |
,32** |
,53** |
,42** |
,34** |
|
4.B |
|
|
|
- |
,61** |
,29** |
,64** |
,50** |
,40** |
,33** |
,54** |
,47** |
,43** |
|
5.IC |
|
|
|
|
- |
,31** |
,53** |
,55** |
,37** |
,34** |
,46** |
,38** |
,40** |
|
6.MM |
|
|
|
|
|
- |
,38** |
,42** |
,20** |
,23** |
,37** |
,32** |
,33** |
|
7.CI |
|
|
|
|
|
|
- |
,68** |
,45** |
,53** |
,71** |
,64** |
,60** |
|
8.I |
|
|
|
|
|
|
|
- |
,44** |
,58** |
,67** |
,53** |
,71** |
|
9.P |
|
|
|
|
|
|
|
|
- |
,30** |
,57** |
,43** |
,40** |
|
10.DI |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
- |
,45** |
,37** |
,69** |
|
11.A |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
- |
,65** |
,60** |
|
12.Im |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
- |
,52** |
|
13.IS |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
- |
Prueba
utilizada: Rho de Spearman, **p<,01, *p<,05; siendo 1.AUT= Autoestima;
2.MP= Malestar Psicológico; 3.OD= Obsesión por la Delgadez; 4.B= Bulimia; 5.IC=
Insatisfacción Corporal; 6.MM= Miedo a la Madurez; 7.CI= Conciencia
Interoceptiva; 8.I=Ineficacia; 9.P=Perfeccionismo; 10.DI=Desconfianza
Interpersonal; 11.A= Ascetismo; 12.Im= Impulsividad; 13.IS= Inseguridad Social.
Se halló una
asociación negativa entre autoestima y malestar psicológico, es decir que
cuanto menor es la autoestima de un bailarín, mayor malestar psicológico
experimenta.
Menores
niveles de autoestima se vinculan a mayores niveles de padecimiento de trastornos
de la conducta alimentaria o sintomatología asociada.
Se encontró
una relación positiva (directa) entre malestar psicológico y riesgo de padecer
trastornos de la conducta alimentaria.
Tabla 5.
Análisis de las variables
Autoestima, Malestar Psicológico y Riesgo de TCA en función de las variables
sociodemográficas Edad, Cantidad de Horas Semanales de Práctica y Cantidad de
años de Práctica de la Danza.
|
Variables |
Edad |
Horas
semanales |
Años
de práctica |
|
Autoestima |
,209** |
-,008 |
,164** |
|
Malestar Psicológico |
-,122** |
,077* |
-,076* |
|
Obsesión
por la Delgadez |
-,084** |
,030 |
-,089** |
|
Bulimia |
-,203** |
,044 |
-,153** |
|
Insatisfacción
Corporal |
-,073* |
,067* |
-,056 |
|
Miedo a la
Madurez |
-,186** |
,083** |
-,041 |
|
Conciencia
Interoceptiva |
-,229** |
-,024 |
-,145** |
|
Ineficacia |
-,142** |
,002 |
-,145** |
|
Perfeccionismo |
-,052 |
,018 |
-,109** |
|
Desconfianza
Interpersonal |
-,102** |
,014 |
-,105** |
|
Ascetismo |
-,220** |
,007 |
-,154** |
|
Impulsividad |
-,126** |
,038 |
-,071* |
|
Inseguridad
Social |
-,159** |
,010 |
-,127** |
Prueba utilizada: Rho de Spearman,
**p<,01, *p<,05
Cuanto
menor es la edad de un sujeto, menores son los niveles de autoestima que posee
y mayor presencia de malestar psicológico y riesgo de TCA, exceptuando
Perfeccionismo que no correlaciona significativamente.
Mayor
cantidad de horas semanales de práctica se asocian a mayores niveles de
malestar psicológico, insatisfacción corporal y miedo a la madurez.
Menor
cantidad de años de práctica de danza clásica se asocian a menores niveles de
autoestima, mayor malestar psicológico y mayor riesgo de TCA (exceptuando las
dimensiones de Insatisfacción Corporal y Miedo a la Madurez que no arrojan
datos significativos).
Comparación de grupos
Tabla 6.
Análisis de los constructos Autoestima, Malestar Psicológico
y Riesgo de TCA en función de la variable sociodemográfica Género.
|
Variables |
Género |
Rango
promedio |
p. |
|
Autoestima |
Femenino Masculino |
488,81 617,92 |
,011 |
|
Malestar
Psicológico |
Femenino Masculino |
495,93 405,63 |
,077 |
|
Obsesión
por la Delgadez |
Femenino Masculino |
498,84 319,06 |
,001 |
|
Bulimia |
Femenino Masculino |
496,77 380,75 |
,023 |
|
Insatisfacción
Corporal |
Femenino Masculino |
500,63 265,69 |
,001 |
|
Miedo a la
Madurez |
Femenino Masculino |
495,22 426,75 |
,180 |
|
Conciencia
Interoceptiva |
Femenino Masculino |
496,89 377,06 |
,019 |
|
Ineficacia |
Femenino Masculino |
497,08 371,52 |
,014 |
|
Perfeccionismo |
Femenino Masculino |
496,47 389,72 |
,037 |
|
Desconfianza
Interpersonal |
Femenino Masculino |
496,19 397,98 |
,055 |
|
Ascetismo |
Femenino Masculino |
495,91 406,34 |
,080 |
|
Impulsividad |
Femenino Masculino |
496,96 375,17 |
,017 |
|
Inseguridad
Social |
Femenino Masculino |
494,80 439,39 |
,278 |
Prueba utilizada: U de Mann Whitney.
Nota: El género “otros” no se analizó por no estar conformado por una muestra
representativa al ser sólo 2 participantes.
Los
niveles de autoestima son significativamente inferiores en bailarines del
género femenino en tanto que el malestar psicológico no varía
significativamente entre hombres y mujeres. Por su parte, la mayoría de las
dimensiones que conforman el constructo Riesgo de TCA (Obsesión, Bulimia,
Insatisfacción Corporal, Conciencia Interoceptiva, Ineficacia, Perfeccionismo e
Impulsividad) son más elevadas en mujeres que en hombres.
Tabla 7.
Análisis de los constructos Autoestima, Malestar Psicológico
y Riesgo de TCA en función de la variable sociodemográfica Profesionalismo.
|
Variables |
Profesionalismo |
Rango
promedio |
p. |
|
Autoestima |
Sí No |
527,37 473,55 |
,004 |
|
Malestar
Psicológico |
Sí No |
500,46 490,04 |
,577 |
|
Obsesión
por la Delgadez |
Sí No |
468,73 509,49 |
,029 |
|
Bulimia |
Sí No |
483,73 500,29 |
,375 |
|
Insatisfacción
Corporal |
Sí No |
470,47 508,42 |
,042 |
|
Miedo a la
Madurez |
Sí No |
490,75 495,99 |
,779 |
|
Conciencia
Interoceptiva |
Sí No |
462,74 513,15 |
,007 |
|
Ineficacia |
Sí No |
454,72 518,07 |
,001 |
|
Perfeccionismo |
Sí No |
476,94 504,46 |
,141 |
|
Desconfianza
Interpersonal |
Sí No |
465,18 511,66 |
,013 |
|
Ascetismo |
Sí No |
464,45 512,11 |
,011 |
|
Impulsividad |
Sí No |
488 497,68 |
,604 |
|
Inseguridad
Social |
Sí No |
468,36 509,71 |
,027 |
Prueba utilizada: U de Mann Whitney.
Los
bailarines amateurs presentan menores niveles de autoestima respecto de los
profesionales, sin hallarse diferencias significativas entre ambos grupos en lo
que a malestar psicológico concierne. Los primeros, por su parte, puntúan
significativamente más alto en OD, IC, CI, I, DI, A e IS con respecto a sus
pares profesionales.
Discusión
El objetivo de esta investigación fue relacionar la Autoestima, Malestar Psicológico y Riesgo de
padecer Trastornos de la Conducta Alimentaria [TCA] en bailarines clásicos de
la República Argentina. Al
respecto, la hipótesis principal planteaba que, a menor Autoestima, mayor es el
Malestar Psicológico y el Riesgo de padecer TCA en la población de estudio.
Dicha hipótesis se vio corroborada en los resultados. La relación inversa entre
Autoestima y Malestar Psicológico puede ser explicada siguiendo los planteos de
Loja Chumbi (2025) y Estellés Moreno (2024), quienes plantean que mientras
menor autoestima posea un sujeto más propenso será a padecer altos niveles de
malestar psicológico.
Según dichos
autores, cuando un atleta o bailarín interpreta su cuerpo objetivado, siente
menos satisfacción corporal ya que su figura atlética no se condice con los
ideales de belleza impuestos socialmente y, por consiguiente, siente que debe
optar entre seguir teniendo un cuerpo que se ajuste a su deporte o descuidarlo
para poder adecuarlo a otro validado socialmente.
Por su
parte, la relación negativa entre Autoestima y Riesgo de TCA, se confirma y se
ancla en los postulados de diversos autores (De Sousa Fortes et al., 2024;
Kapoor et al., 2022; Loja Chumbi, 2025; Nuñez Udave et al., 2024; Ortiz Torres
& Bonilla Basantes, 2022; Rojas Padilla, 2024; Valverde Martínez, 2023)
sosteniendo que, cuanto menor nivel de autoestima posee un individuo, mayor es
el riesgo de padecer trastornos de la conducta alimentaria. Esto ocurre, según
los autores mencionados, debido a que la insatisfacción corporal impacta
nocivamente sobre la autoestima y se asocia a las exigencias que los bailarines
siguen para cumplir con los estándares de belleza que socialmente se han
establecido; en consecuencia, dichas presiones estéticas aumentan las
probabilidades de padecer TCA.
Finalmente,
la relación directa entre Malestar Psicológico y Riesgo de TCA hallada en esta
investigación, encuentra sustento en los trabajos de un vasto número de autores
(Del Valle Sarli Racioppi, 2022; Fostervold Mathisen et al., 2022;
García-Arbona et al., 2023; Loja Chumbi, 2025; Negrete Acosta, 2022) quienes
justifican dicho resultado esgrimiendo que los indicadores relacionados a
conductas alimentarias anómalas están muy ligados a la presencia de desajuste
social y psicológico, rasgos de inferioridad, rechazo, inhibición, escasa
energía, impulsividad, dependencia, dificultad en la relación con el entorno
que los rodea e inestabilidad en la percepción de la realidad, lo que evidencia
un funcionamiento psicológico inadecuado.
Otra de las
hipótesis formuladas planteaba que los niveles de Autoestima en la población
son mayormente bajos, en tanto que el Malestar Psicológico y el Riesgo de TCA
es elevado. Dicha hipótesis también pudo ser confirmada y este resultado está
en sintonía con las puntualizaciones realizadas por los autores mencionados en
los párrafos anteriores.
En lo que
concierne al género, se planteó como hipótesis que los niveles de Autoestima
son inferiores en mujeres. Dicha hipótesis también se vio confirmada y este
resultado encuentra asidero en el estado del arte, tal como expresa Del Valle
Sarli Racioppi (2022) quien plantea que en las mujeres se observan
predominantemente rasgos de dependencia, infantilismo, ansiedad y baja
autoestima; a diferencia de los hombres que denotan más conductas agresivas
reprimidas.
Otra de las
hipótesis planteadas sostenía que la autoestima se relaciona de manera directa
con edad, horas semanales dedicadas a la disciplina y años de práctica, no
encontrándose diferencias entre los profesionales y amateurs. Esta se confirmó
parcialmente, puesto que, si bien se encontraron asociaciones directas entre
autoestima y edad, así como también entre autoestima y años de práctica, en lo
que respecta a la autoestima y las horas semanales dedicadas a la disciplina,
la relación fue inversa. Finalmente, en relación con los profesionales, éstos
puntuaron más alto en la variable mencionada.
Si bien el
último resultado requiere ulteriores investigaciones dadas las controversias en
el estado del arte y las dificultades en la operacionalización del
profesionalismo, es dable pensar que un bailarín profesional que sea consciente
de sus capacidades y habilidades posea una mayor autoestima que quien se halla
en una etapa de formación en sus primeros años. De ahí, podría inferirse y
justificarse también, en sintonía con los planteos de Iglesias Suárez y De la
Villa Moral Jiménez (2021), que en la medida que va aumentando la edad de un
sujeto y los años de práctica dedicados a la disciplina, concomitantemente
también aumenta su autoestima.
No obstante
lo antedicho, se halló que a mayor cantidad de horas semanales dedicadas a la
disciplina, menor autoestima poseen los sujetos de la muestra. Esto podría ser
explicado teniendo en consideración las presiones sociales a las que se ven
sometidos muchos bailarines y la sensación de que por más horas que ensayen
nunca van a llegar a ese ideal impuesto en el ballet. En sintonía, dicha
autoexigencia iatrogénica y respaldada socialmente, es la que podría producir
una merma en la confianza en sí mismos, tal como expresan diferentes autores
(e.g. Betancourt & Díaz, 2004; Pickard, 2015).
Asimismo,
otra de las hipótesis secundarias esbozaba que el Malestar Psicológico y el
Riesgo de TCA es mayor en mujeres y en sujetos profesionales. Dicha hipótesis
se vio confirmada parcialmente, dado que no se encontraron diferencias
significativas en Malestar Psicológico entre hombres y mujeres, a pesar de que
el segundo grupo puntúa más alto, así como tampoco entre profesionales y no
profesionales y, en lo que respecta a Riesgo de TCA, las mujeres y los sujetos
amateurs puntúan más alto en la mayoría de las dimensiones que conforman el
constructo. En este punto cabe mencionar que las mujeres presentaron niveles
más altos de riesgo puesto que, siguiendo a Ortiz Torres y Bonilla Basantes
(2022), son ellas el grupo más expuesto a las presiones sociales que se ejercen
sobre sus cuerpos a lo largo del tiempo.
Por su
parte, en lo que respecta a la mayor presencia de sintomatología asociada a
riesgo de TCA en sujetos amateurs, es algo que podría explicarse teniendo en
consideración la etapa de formación en la que se encuentran dichos bailarines y
las exigencias propias de la disciplina, tal como se teorizó anteriormente.
Finalmente, se
planteó que el Malestar Psicológico y el Riesgo de TCA son superiores en
quienes poseen mayor cantidad de años en la disciplina y en quienes dedican
mayor cantidad de horas semanales a la práctica de danza, en tanto que no
existe relación estadísticamente significativa con edad. Dicha hipótesis
también se confirmó parcialmente. En lo que respecta a la edad, ésta se asoció
negativamente con Malestar Psicológico y Riesgo de TCA en todas sus dimensiones
menos Perfeccionismo. Por su parte, años de práctica se correlacionó de manera
inversa con Malestar Psicológico y con Riesgo de TCA en la mayoría de sus
dimensiones y sí se encontró una asociación positiva entre Malestar Psicológico
y cantidad de horas semanales dedicadas a la disciplina, lo cual también se
observó en Insatisfacción Corporal y Miedo a la Madurez. La relación entre edad
y perfeccionismo denota que esta dimensión se ve en distintos rangos etarios y
evidentemente son cuestiones más ligadas a las expectativas sociales en torno a
las mujeres, mientras que la asociación inversa entre años de práctica de la
disciplina y riesgo de TCA es un dato que requiere ulteriores investigaciones,
puesto que se requiere una mayor gama de antecedentes que discriminen entre
quienes realizan danza de manera lúdica/terapéutica y quienes lo hacen como
sustento de vida.
Para culminar, en lo que atañe a las
fortalezas de este trabajo, vale mencionar el amplio número muestral, la
relevancia de la temática y el vasto número de antecedentes actualizados sobre
el tema.
No obstante,
en lo que respecta a las limitaciones, ha de mencionarse la heterogeneidad en
la conformación de la variable género, donde predominó la categoría femenina en
tanto que otras variables, tales como profesionalismo y cantidad de años
dedicados a la disciplina, deben ser revisadas en futuras publicaciones sobre
la temática, dado que se encontraron ciertas discrepancias en la interpretación
de dichas variables por parte de los participantes, especialmente en lo
concerniente a interpretar qué implicaba ser un profesional de dicha
disciplina. Por tal motivo, se sugiere operativizar y profundizar en las
definiciones conceptuales de las variables antes mencionadas para evitar sesgos
a futuro, así como también realizar una mayor cantidad de estudios que
discriminen entre participantes que eligen el baile como pasatiempo lúdico y
recreativo e incluso terapéutico y quienes hacen del mismo una forma de vida y
subsistencia.
Como
reflexión final vale decir que es menester resaltar que el campo de la danza
clásica no sólo produce mecanismos de control sobre los cuerpos que intentan
insertarse en él, sino que instala un imaginario estético excluyente que legitima
una corporalidad singular como ideal. Cuestionar este entramado simbólico
permite abrir grietas en el paradigma hegemónico, visibilizando cómo criterios
filosóficos, roles preestablecidos y objetos ritualizados reproducen formas de
validación excluyentes. Deconstruir estos códigos implica no sólo ampliar el
espectro de corporalidades reconocidas, sino también repensar la danza como
lenguaje plural, inclusivo y políticamente situado.
Hasta este
punto, resulta de vital importancia el trabajo preventivo a nivel psicológico,
específicamente en las etapas de formación ya que la detección e intervención a
tiempo de distintos malestares mentales, podría evitar ampliamente el declive
del rendimiento artístico de los bailarines de danza clásica. En tal sentido,
es importante poner el foco en dichas problemáticas ya que existe en esta
disciplina una “cultura del silencio” lo que hace que los bailarines lidien con
sus problemas sin una compañía adecuada. Asimismo, sería propicio crear
espacios de comunicación e implementar estrategias que ayuden a la comunidad de
la danza a romper estigmas y trabajar con condiciones de salud óptimas.
Es esencial
sugerir que la educación tradicional del ballet sea reestructurada, exigiendo
pedagogía y cursos de capacitación para los educadores, como así también
revisar los métodos implementados en dicha disciplina. Hasta la actualidad el
sistema educativo sigue siendo autoritario e implementado desde un trato
estigmatizante en la mayoría de los casos, lo que genera frustración, poca
consideración por el esfuerzo individual y desmotivación en los bailarines. De
este modo, la figura de los educadores debería regirse bajo el criterio y la
responsabilidad de garantizar la salud de sus alumnos promoviendo un estilo de
vida saludable y una adecuada integridad mental.
Por último,
los resultados obtenidos dan cuenta de que los estándares corpóreos de élite se
alejan de la realidad de sus practicantes promoviendo malestar psicológico y
baja autoestima, por lo que la población estudiada se encuentra en riesgo de
padecer TCA en el afán de cumplir con las exigencias de la cultura de la
delgadez. Por lo antedicho, es sumamente necesario capacitar a los docentes
para que no sean ellos quienes fomentan la aparición de dichos trastornos desde
edades muy tempranas.
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